Viernes. Fue un viernes de 2017 en el que llenos de ansiedad, felicidad e intriga nos subimos a un colectivo en un pueblito y partimos rumbo a Kawaguchiko.
El viaje duró cerca de tres horas. Entre cansancio y emoción nos preguntábamos si lo veríamos. Habíamos escuchado por ahí que no es fácil, que siempre está escondido y que hay que tener mucha suerte para poder verlo.
Después de dormitar y mirar por la ventanilla de a ratos, al fin llegamos a destino.
El encuentro fue mutuo. Su presencia nos cautivo desde ese primer momento. Su energía nos acompañó durante todos los días que estuvimos en ahí. Todo era contemplar y admirar su gran y perfecta belleza. Promesas, preguntas, risas, llantos, reflexiones, secretos y más promesas. Todo bajo su cálida compañía.
Fueron días hermosos, llenos de naturaleza y disfrute. Fueron días que nunca olvidaremos.
Nos sentimos afortunados y premiados al ser recibidos por el gran y sabio Fuji.
Parte de toda esta linda historia comenzó un viernes y nos encanta poder compartirla con ustedes.